El Facebook de Atapuerca

La necesidad innata de perpetuar nuestra propia imagen se remonta a la época de las pinturas rupestres donde ya existían otros ‘muros’ a los que subir imágenes – Entre los adolescentes, publicar contenidos puede llevar asociados problemas de seguridad en la personalidad

¿Por qué pintores como El Greco o Van Gogh aparecían en sus lienzos e incluso pintaban sus propios autorretratos? ¿Por qué directores de cine como Hitchcock o Tarantino se mostraban en sus películas simulando ser extras o participando en pequeños cameos? Intentar responder esta doble pregunta es querer arrojar luz sobre una habitual y peligrosa práctica de los novedosos entornos 2.0: subir fotografías a Internet.

La pasada semana prometimos, tras repasar los riesgos que plantea publicar nuestras imágenes en las redes sociales, que contestaríamos a los porqués. Para encontrar antecedentes podríamos remontarnos a la misma Sierra de Atapuerca o a las Cuevas de Altamira, donde la práctica de ‘subir’ imágenes a un muro ya se había implantado millones de años antes de la aparición de Internet.

El hombre siempre ha tenido el impulso innato de dejar su testimonio. Comenzó con las pinturas rupestres y de momento, ha llegado hasta el selfie

Misma idea, diferente muro

De igual manera que los hombres-cazadores-recolectores del paleolítico dejaban su huella a través de pinturas propias y de sus semejantes hace varios millones de años, en la actualidad cambiamos el muro de la cueva por el digital como soporte para perpetuar nuestra imagen. Este es el quid de la cuestión: la necesidad innata del ser humano de perpetuar su propia imagen y su propio arte.

Esta necesidad ha llevado al género humano a través de un camino evolutivo natural hasta el de momento último eslabón de degradación, el selfie. Sin duda la etapa más mediocre de la historia del impulso artístico del ser humano tras pasar por joyas como frescos, jeroglíficos egipcios, pinturas, esculturas, cinematografía… Espacios donde el hombre o el artista han querido dejar constancia de su paso por el mundo.

En resumidas cuentas, ni se ha disparado de manera extrema nuestro narcisismo ni nos estamos convirtiendo en adictos a nosotros mismos en las redes sociales. Así lo corrobora un estudio del pasado año tutelado por la psicóloga Pamela Rutledge, directora del Centro de Investigación de Psicología de los Medios de Comunicación, quien explica que lo que sucede es que estamos asustados por todo lo nuevo que implica el uso de las nuevas tecnologías y para explicar nuestros miedos los consideramos como patologías cuando en realidad, la necesidad de registrar la propia imagen es tan antigua como la humanidad”.

La práctica de ‘subir’ imágenes propias y cercanas a un muro ya se había implantado millones de años antes de la aparición de Internet

Ocultos bajo el muro

Sin embargo, la cosa cambia para los adolescentes. El hecho de que los jóvenes cada vez compartan contenidos en las plataformas sociales de manera más temprana puede esconder en ellos un problema de seguridad en su personalidad. Construir un muro a base de sus vivencias ocultará sus inseguridades en algunos perfiles de adolescentes, ya que la búsqueda de la aprobación de los demás para sentirse seguros de sí mismos es un factor común en la gente más joven.

Dicho problema se pone de relieve en los citados selfies o autofotos, ya que según el psicólogo Jessamy Hibbert, en la mayoría de estas fotografías que se suben a redes como Twitter, Facebook o Instagram hay oculta “una inseguridad y una búsqueda de aprobación de sus amigos”. De hecho, si al publicar un determinado contenido no obtienen ninguna respuesta, interacción o ‘me gusta’, los jóvenes se sentirán frustrados y avergonzados ya que interpretarán esto como que no son populares, y viceversa.

Otra evolución perversa de la humanidad, pues parece más digna de alabar la popularidad de un homo habilis en el paleolítico por la cantidad y el tamaño de los animales que era capaz de cazar para alimentar a su tribu que tener popularidad por el mero hecho de contar con un triste puñado de likes.

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