Biografía de Octavio Augusto: El liquidador de la república

Pocos pensaban que aquel muchacho enfermizo que trabajaba junto a Julio César, su tío abuelo, tendría un futuro brillante. En apenas unas décadas se convirtió, sin embargo, en el defensor de la legalidad republicana. Años después la biografía de Octavio Augusto quedó marcada por ser  su aniquilador hasta dar lugar a una nueva forma de gobierno: el Imperio.

El segundo Triunvirato romano.

El segundo Triunvirato romano.

Biografía de Octavio Augusto: El liquidador de la república

El año 44 a. de C. Julio César cayó acribillado a puñaladas en Roma. Los conjurados –una mezcla heteróclita de patricios y partidarios de la república– creyeron que así las instituciones quedaban a salvo de cualquier instauración de carácter monárquico. Se equivocaban. A pesar de que César se había proclamado dictador perpetuo –una contradicción porque la dictadura romana era una magistratura marcada por su carácter temporal– era inmensamente popular. A su lugarteniente Marco Antonio no le costó alzar al pueblo de Roma en persecución de los asesinos.

Lo que no esperaba Marco Antonio es que se sumara a la empresa un joven debilucho llamado Octavio que había nacido el 63 a. de C. y cuyo único valor aparente era el de ser sobrino nieto de Julio César. Así se constituyó un nueva unión de tres hombres fuertes: un triunvirato formado por Octavio, Marco Antonio y Lépido cuya finalidad fundamental era derrotar a los asesinos de César y, supuestamente, salvar la República.

Cayo Julio César Octaviano: Éste es el nombre completo del primer emperador de Roma, sobrino nieto de Julio César por parte de madre

Lo primero lo consiguieron con relativa facilidad en el año 42 a. de C., en las llanuras de Filipos, donde encontraron la muerte los principales conjurados. Lo segundo se reveló más difícil. Mientras que Antonio ansiaba deshacerse de aquel rival inesperado al que contemplaba con desprecio, Octavio soñaba con suceder a su tío. El pretexto para el enfrentamiento final vino dado por una antigua amante de César, la reina egipcia Cleopatra. Convencida de que era posible reconstruir el imperio de Alejandro Magno con capitalidad en Egipto, Cleopatra planeaba crear una gran alianza.

Biografía de Octavio Augusto: Lucha por el poder

¿Marco Antonio cometió el error –al parecer, totalmente seducido por los encantos de la egipcia– de aceptar ese plan o, por el contrario, tan sólo pensó que Egipto le sería de enorme ayuda en su lucha para vencer a Octavio y regresar a Roma? Por increíble que parezca, todo hace pensar que la primera opción es la correcta.

Cleopatra delante de Octavio Augusto. Guercino. 1640. Roma

Cleopatra delante de Octavio Augusto. Guercino. 1640. Roma

Biografía de Octavio Augusto: El sueño del reino de Marco Antonio y Cleopatra

No le costó a Octavio presentarse como un defensor de su patria frente a un traidor dispuesto a aliarse con una potencia extranjera. En el año 31 a. de C. Marco Antonio era derrotado en la batalla naval de Actium y al año siguiente Octavio desembarcaba en Egipto aniquilando al ejército terrestre de Antonio y Cleopatra. Ambos rivales se suicidaron –el primero creyendo que Cleopatra había muerto y la segunda comprendiendo que Octavio no se dejaría seducir por ella– y Octavio quedó como único señor de Roma.

Octavio derrotó a su rival Marco Antonio en la batalla naval de Actium, también rechazó su divinización en vida, pero fomentó el culto al emperador

Tras varias décadas de guerras civiles, la idea de que un solo hombre se convirtiera en dictador encubierto era aceptada incluso por los defensores de la legalidad republicana. Hasta el 27 a. de C., Octavio se hizo elegir repetidamente para el consulado pero en ese año se presentó inesperadamente en el senado y anunció que se retiraba de la vida pública. La reacción senatorial se acercó al pánico, posiblemente porque temían un nuevo rebrote de enfrentamientos civiles. Octavio aprovechó la situación para aceptar, como si fuera a regañadientes, el control sobre las provincias más importantes, es decir, Hispania, salvo la Bética, Galia, Siria, Chipre y Egipto.

Tres años después, Octavio dio un paso más y aceptó el imperium proconsulare, una ficción legal que zanjaba la entrega de un poder monárquico aunque nadie se hubiera atrevido a denominarlo de esa manera. La permanencia en el poder quedaba consagrada aunque, en teoría, con el respaldo de las propias leyes republicanas. Así, Augusto era príncipe, pero no dictador; y tenía autoridad, pero no mando. No pasaba de ser una pantalla aunque hay que reconocer que una pantalla aceptada siquiera por la paz que Augusto había traído a Roma.

La conjura contra Julio César, con su hijo adoptivo Bruto como ejecutor, terminó con la muerte de los conspiradores y el ascenso de Augusto.

Biografía de Octavio Augusto: La república ha muerto ¡Júpiter salve al imperio!

El problema, naturalmente, era cómo garantizar que el proceso de transformación llevado a cabo por Augusto no desaparecería con él. Su sucesor ideal era Agripa, un excelente militar que resultó decisivo durante la batalla de Actium y que Augusto casó con su hija Julia en el 18 a. de C. De hecho, las monedas del 13-12 a. de C. presentan a Agripa como un verdadero co-emperador. Pero su muerte en el 12 a. de C., truncó el proceso sucesorio en el que había pensado Augusto. Durante el siguiente lustro, Tiberio, hijo de un matrimonio anterior de Livia, la mujer de Augusto, fue dibujándose como el sucesor más verosímil. Cuando el 9 de agosto del 4 a. de C., Augusto fallecía plácidamente en Nola, la república estaba más que muerta y sepultada y el imperio se había consolidado de tal manera que duraría siglos.

Octavio Augusto fue el primer emperador que concentró todos los poderes.

Octavio Augusto fue el primer emperador que concentró todos los poderes.

Octavio y la política moderna

Desprovisto de la brillantez o del genio militar de Julio César, Octavio demostró un extraordinario talento político. Erigido como el hombre de la paz y de la reconstrucción, supo llevar a cabo una verdadera revolución política que aniquiló la república sustituyéndola por el imperio. Desde luego, su modus operandi es antecedente de muchas medidas que hoy nos parecen habituales. Octavio, por ejemplo, supo crear una clase política nueva que desplazó a la antigua y que deseaba defender el sistema que le había proporcionado un lugar bajo el sol.

También fue consciente de la importancia que podían tener las leyes de protección a la familia. Convirtió esta meta en una de las más sobresalientes de su gobierno. Finalmente, comprendió el enorme peso que en la opinión pública podían tener los símbolos. Si en oriente permitió que se le adorara como a un dios, en occidente insistió en presentarse como un modesto padre de familia. No extraña que al morir dijera: “Si he actuado bien, aplaudid”.

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