Biografía de Abraham Lincoln: El presidente honesto

Abraham Lincoln, un gran pensador

Un grito pronunciado en latín –Sic semper tyrannis, “así suceda siempre a los tiranos”– rasgó la atmósfera del teatro. El hombre que lo había lanzado saltó sobre el escenario desde uno de los palcos y, al caer, se rompió un tobillo. En ese momento, algunos de los espectadores se percataron de que una mujer pedía ayuda. Era la esposa del presidente Lincoln. Acababan de disparar sobre la cabeza de su marido…

Cincuenta años atrás, nadie hubiera podido prever que aquel joven larguirucho, torpe y tímido llamado Abraham Lincoln y nacido en Hodgenville, Kentucky, el 12 de febrero de 1809, llegaría tan lejos. Él mismo diría que pertenecía a una “familia sin distinción alguna”. Huérfano de madre a edad temprana, recibió su primera educación en una escuelita rural que se hallaba a varios kilómetros de la casa y a la que sólo acudía –andando, por supuesto– cuando las tareas de la granja de su padre se lo permitían. Granjero, viajante de géneros comerciales por el río, cartero, empleado de almacén, ayudante de topógrafo…, de joven hizo de todo y sólo logró acumular deudas, pero no se dejó amilanar. En 1834 fue elegido diputado del estado de Illinois por unos votantes que lo consideraban fundamentalmente un hombre honrado.

Abraham Lincoln fue presidente de EEUU durante la Guerra Civil. Admirado por su honradez y su espíritu, suprimió la esclavitud y preservó la unidad nacional

Fotografía de Abraham Lincoln como recién proclamado presidente de EEUU

Fotografía de Abraham Lincoln como recién proclamado presidente de EEUU

Biografía de Abraham Lincoln: El presidente honesto

Tres años después, valiéndose de algunos libros de Derecho que le habían prestado, se graduó como abogado. En 1846, tras disolver su bufete, se presentó a las elecciones al Congreso nacional y fue elegido. Allí se destacó por su oposición a la guerra con México y a la esclavitud. A esas alturas, la tensión sufrida por el modelo federal norteamericano era poco menos que insoportable. Pese a que los estados sureños –donde era legal la esclavitud– no representaban más de una tercera parte de la población, habían logrado en las últimas décadas controlar en beneficio propio el sistema.

Así, en el Senado –una cámara territorial donde todos los estados tenían el mismo número de escaños–, habían impuesto acuerdos que mantenían en igualdad numérica el porcentaje de estados libres y esclavistas. A pesar de que esa manipulación de las instituciones había funcionado a la perfección, los nacionalistas del Sur eran conscientes de que no podría mantenerse de forma indefinida y a mediados del siglo XIX comenzaron a amenazar con la secesión.

¿Por qué la mayoría de la nación consintió aquella situación intolerable desde una perspectiva democrática y abominable desde una óptica moral? Las razones fueron, entre otras, la división interna del partido Demócrata, la debilidad del partido Whig, el de Lincoln, que desaparecería en la década de los cincuenta del siglo XIX, y la convicción de no pocos presidentes de que la mejor política para evitar la secesión era ceder ante los nacionalistas. Sin embargo, el apaciguamiento sólo sirvió para alentar las más ambiciosas apetencias de los nacionalistas sureños.

“Con malicia hacia nadie”. Esta frase pronunciada durante su segunda toma de posesión define su actitud abierta y tolerante hacia todos, incluidos los vencidos de la guerra de Secesión.

 Southern Democrat John C. Breckinridge, Constitutional Union candidate John Bell, and Northern Democrat Stephen Douglas, a U.S. senator for Illinois.Biografía de Lincoln: Victoria política aplastante

En 1858, Lincoln se presentó al Senado en las filas de un partido de reciente creación, el Republicano, que pretendía conjugar el liberalismo económico, la insistencia en valores como el trabajo y el esfuerzo personal y el énfasis en la unidad nacional. Su rival era Stephen Douglas, un defensor del “autogobierno” de los estados en el que nadie –ni el Presidente ni el Congreso– podía supuestamente intervenir. Lincoln no consideraba que los estados tuvieran derecho a la secesión (autodeterminación dirían hoy algunos), y menos aún a usarla para mantener la esclavitud, que no podía asemejarse, según sus palabras, al “comercio de arándanos”. Perdió las elecciones pero su figura alcanzó repercusión nacional y el partido Republicano lo nominó candidato a la Presidencia en 1860.

Durante la campaña, Lincoln volvió a enfrentarse a Douglas defendiendo la necesidad de un armazón ético para la democracia que excluyera la esclavitud, una institución que chocaba con el principio bíblico de que todos los hombres habían sido creados a imagen y semejanza de Dios. Insistió, además, en que la división causada por los nacionalistas sureños podía acabar con la nación. Salvo en el Sur, la victoria de Lincoln fue aplastante, ya que logró 189 compromisarios frente a los 12 de Douglas.

Lincoln visitando el campo de batalla después de terminada la guerra.

Lincoln visitando el campo de batalla después de terminada la guerra.

Biografía de Abraham Lincoln: Contra la estrategia esclavista

La reacción inmediata de los nacionalistas sureños fue declararse independientes y constituirse en una Confederación. El plan esclavista consistía en causar el mayor daño militar a las tropas unionistas a fin de que la opinión pública pidiera una salida pactada de la guerra –lo que equivaldría a aceptar la independencia del Sur–, y que alguna potencia extranjera –Gran Bretaña, Francia, la Santa Sede– reconociera diplomáticamente a la Confederación. Lincoln captó esa estrategia, así como el peligro que representaban algunos periodistas, intelectuales y manifestantes –a veces subvencionados por los sureños– que agitarían a la opinión pública para llegar a una paz que destruiría la nación. Pero también era consciente de que, si la Unión perdía la guerra, la nación quedaría aniquilada, la esclavitud se perpetuaría y la democracia no podría sobrevivir.

Durante los dos primeros años, la Unión cosechó terribles derrotas, con un espeluznante coste de vidas. Pese a ello, Lincoln se mantuvo firme y en julio de 1863 se produjo un cambio: el ejército confederado del general Lee fue derrotado en Gettysburg y las tropas unionistas de Grant tomaron Vicksburg. Así, la Unión se colocó a un paso de partir en dos la Confederación, que perdió la posibilidad de ser reconocida por alguna potencia extranjera. En 1864, la guerra estaba prácticamente decidida y el 8 de noviembre Lincoln fue reelegido Presidente, precisamente frente a los políticos partidarios de lograr un acuerdo con el Sur. En el discurso de su segunda toma de posesión insistió en tender la mano a los vencidos “con malicia hacia nadie, con caridad hacia todos”, siguiendo la voluntad de Dios.

Viñeta del asesinato de Abraham Lincoln.

Viñeta del asesinato de Abraham Lincoln.

El asesinato de Abraham Lincoln

A esas alturas, los servicios de espionaje del Sur habían concebido un arriesgado plan consistente en matar a Lincoln o secuestrarle para canjearlo por el final pactado de la guerra. Con esa intención llegó a Washington en abril de 1865 John Wilkes Booth, un actor y espía sureño. La guerra concluyó ese mes y Booth podría haber regresado al Sur pero decidió matar al Presidente para vengar a la Confederación. Lo asesinó el 14 de abril de 1865 en el teatro Ford de Washington, donde se representaba Nuestro primo americano, de Laura Keene. La pérdida fue irreparable pero la unidad nacional se había salvado y gracias a ella, como había dicho Lincoln en su discurso de Gettysburg, “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” no había “desaparecido de la faz de la Tierra”.

Su firmeza le costó la vida al presidente estadounidense, pero salvó la democracia para la Unión

La sólida moral protestante de Lincoln

En buena medida, la biografía de Abraham Lincoln se encarna de los valores propios del protestantismo. A virtudes como la capacidad de trabajo o el deseo de mejora mediante el esfuerzo y el estudio se sumaban una gran resistencia a la adversidad, una fidelidad inquebrantable hacia las convicciones y una cosmovisión sustentada en la Biblia. Su existencia difícil incluyó una temprana orfandad, la muerte de dos de sus hijos –uno falleció en 1850 y otro durante la guerra– y el acoso incansable de sus adversarios. Nada lo quebrantó. Tras perder a su primera novia, que murió en 1835 en vísperas de la boda, Lincoln se casó con Mary Todd en 1842 con la que tuvo cuatro hijos.

Tras llegar a la presidencia proclamando principios bíblicos, a lo largo de la guerra buscó no que “Dios esté de nuestra parte, sino que nosotros estemos de parte de Dios”. Oraba y leía la Biblia a diario; de hecho, la firma del decreto de Emancipación de los esclavos (22 de septiembre de 1862) fue fruto de su promesa religiosa de librar a la Unión de una de las peores ofensivas de la guerra.

Y en su discurso de Gettysburg, Lincoln subrayó la necesidad de que la democracia se produjera en el seno de “una nación bajo Dios”. Fue ese impulso el que le llevó a visitar un hospital de prisioneros confederados para estrecharles la mano no como a enemigos sino como a americanos o a insistir en una “política de mano tendida” para la posguerra que excluyera la cárcel, la horca o el fusilamiento de los vencidos. Esa magnanimidad explica el porqué de la popularidad de Lincoln en Estados Unidos, así como su consideración de verdadero padre de la nación.

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