Alejandro Amenabar: películas y biografía del genio precoz

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En una entrevista realizada en un conocido programa de radio, pocas horas antes de su subida a los altares cinematográficos -vía aluvión goyesco; vayan, por cierto, desde estas líneas mis más sinceras felicitaciones por tal evento-, Alejandro Amenábar contestaba a la pregunta del presentador sobre su actitud ante la necesidad de realizar una intensa actividad promocional de sus películas –y para disgusto del entrevistador, que había intentado, en vano, predeterminar la respuesta con su pregunta- sonriendo abiertamente y afirmando de manera categórica que a él no le importaba en absoluto llevar a cabo tal actividad; muy al contrario, le resultaba muy divertida y procuraba disfrutar de ella cuanto podía (que no debía ser poco, desde luego).

De esa forma, nuestro personaje huía elegantemente del viejo cliché que asocia al creador (de cualquier género artístico) con una figura únicamente ligada al puro arte, espíritu libre, encumbrado en las alturas, soberbio y altivo, y desligado de las ataduras que a los viles mortales nos sujetan, más allá de cualquier bien y cualquier mal…

Alejandro Amenábar: películas y biografía del genio precoz

Sabia actitud, y muy reveladora de cuál es el talante de Aménabar, alguien que, pese a su juventud, ya ha desarrollado la suficiente madurez como para ser plenamente consciente de que la coherencia radica en que, cuando te has embarcado en una aventura que, por muy creativa que sea, implica la puesta en juego de un montón de millones (de dólares, pesetas o euros; igual da…), no puedes eludir ciertas responsabilidades: entre ellas, las de participar en un juego promocional cada vez más ineludible, cada vez con más peso; en este mundo de la comunicación omnipresente, medios mandan, y cómo…

Y no sólo nos da muestras de su talante, sino también de su talento, tan desmedido como su ambición (o, posiblemente, y más que desmedido, desarrollado justamente a la medida de ésta…).

Eduardo Noriega fue uno de los protagonistas y mayores beneficiados del éxito de Tesis.

Eduardo Noriega fue uno de los protagonistas y mayores beneficiados del éxito de Tesis.

Tesis, la película que marcó su carrera

Ese talento comenzó a mostrarse bien pronto. Después de unos cortos que ya denotaban imaginación e ideas, aunque aún no demasiados recursos técnicos (Luna, Himenóptero), nuestro chico, con veintipoquísimos años, abría fuego con Tesis. La apuesta no era arriesgada, sino algo más… Una película de suspense, género prácticamente sin referentes previos en el cine español; papeles protagonistas para dos completos desconocidos (como Fele Martínez y Eduardo Noriega) y una ex “niña prodigio” desaparecida (Ana Torrent); un tema escabroso, como el de las snuff movies, con un trasfondo sórdido y morboso…. Y vueltas y más vueltas de tuerca, jugando a la más elemental de las técnicas del género: el ahora es-ahora no es (el malo de la película).

Resultado: un producto deslumbrante, que te atornillaba a la butaca y que demostraba que esto de hacer películas es cuestión, básicamente, de eso, de talento… Hemos de suponer que la única gran objeción que se llegó a plantear, la de que era excesivamente truculento, no pudo sino provocar espasmos de satisfacción a un admirador convicto y confeso del mago Hitch, adalid de la truculencia en la gran pantalla. El éxito de crítica y público fue descomunal, y el listón quedaba a una altura de auténtico vértigo.

Noriega repetía en Abre los Ojos, le acompañaba Penelope Cruz en la consolidación que supuso para Amenábar Abre los ojos.

Noriega repetía en Abre los Ojos, le acompañaba Penelope Cruz en la consolidación que supuso para Amenábar.

Amenábar se confirma con Abre los ojos

Otros se hubieran asustado, o hubieran terminado sufriendo el temible “síndrome del debut inigualable” (la tremenda caída del autor novel que, vencido por la presión ambiental que se despliega a su alrededor, no es capaz de estar, en su segunda obra, a la altura que parecía apuntar en la primera).

Pero no es Alejandro de los que se asustan fácilmente –algo lógico, en alguien que hace de asustar a los demás, su santo y seña expresivo…-. Y su siguiente paso no tardó en llegar. Ante la expectación general, Amenábar sacaba un nuevo conejo de la chistera, Abre los ojos. Y volvía a deslumbrar. Con una puesta en escena mucho más depurada, un guión muy trabajado, y cambiando radicalmente de elemento de suspense (aquí el truco no estaba en descubrir quién era el malo, sino en saber cuando era sueño, cuando realidad…), el director urdía una trama compleja e imaginativa, un punto farragosa en algunos momentos, pero que volvía a arrasar en todos los terrenos.

Fue, además, la consolidación de los dos prometedores debutantes (o casi) de su anterior película, muy en particular de Eduardo Noriega, que, con todas sus limitaciones, no era engullido por el papel, y la catapulta definitiva para una Penélope Cruz cuyas maletas americanas estaban a punto de terminar de llenarse. Y el cebo ideal para que un pez gordo, muy gordo, picara el anzuelo, y bien fuerte…

Una megaestrella estadounidense, nada menos que un tal Tom Cruise, veía Abre los ojos y quedaba admirado ante el despliegue de cine que la película mostraba en todos sus aspectos –visuales, dramáticos, interpretativos-. Era la única unción que Amenábar necesitaba para lanzarse al pilón; pilón en el que no sólo flotaba una adaptación del guión de Abre los ojos, para una versión americana protagonizada por el propio Cruise, sino un proyecto mucho más personal y mucho más ambicioso, para cuya llegada a buen puerto la implicación del astro hollywoodiense iba a ser crucial.

Amenábar, dando indicaciones a Nikole Kidman en Los Otros.

Amenábar, dando indicaciones a Nikole Kidman en Los Otros.

Hacia el estrellato con Los Otros

Ese proyecto era Los otros, una superproducción de suspense al más puro estilo clásico y glamouroso, con una primadonna como Nicole Kidman de protagonista, y un despliegue de medios económicos sin precedentes en el cine español. Una vez más, Amenábar saltaba la banca, y, una vez más, volvía a dar en el clavo, metiendo el miedo más primario en el cuerpo de todos los que, atraídos por precedentes tan apetitosos como los de sus dos primeras películas, y señuelos tan poderosos como el de la pareja avalista (en la producción ejecutiva, el uno, y en la interpretación –primorosa, por cierto- del papel principal, la otra), situaron a la película como una de las más taquilleras de la historia del cine español, y la primera en toda su historia capaz de llegar a lo más alto en la lista de recaudaciones estadounidenses en la semana de su estreno. Y la crítica, más allá de discrepancias mínimas, rendida a sus pies, en un reconocimiento unánime que los ocho premios Goya obtenidos el pasado día 2 de febrero no ha hecho sino refrendar.

camara_amenabarSe hace difícil predecir cuál será el próximo paso de este hombre-orquesta (se maneja con la misma soltura escribiendo guiones, componiendo partituras o dirigiendo; y consta de buenas fuentes que no hace ascos a ninguno de los aspectos técnicos de la realización, de los que es profundo conocedor y sobre los que está ampliamente capacitado), niño precoz en su momento y ahora genio en ciernes, pero de lo que podemos estar seguros, dado su historial, es que nos volverá a sorprender. ¿Quizá alguna incursión en territorio inexplorado –léase género aún no tocado-, con un cambio radical de registro? Sería la prueba definitiva de que estamos ante un cineasta total, aunque si toda duda ofende, creo que ésta lo podría hacer más aún si cabe, visto lo visto.

En cualquier caso, sería bonito poder estar escribiendo, dentro de unos años (diez, veinte, treinta… quién sabe), un nuevo perfil de Alejandro Amenábar, este chileno madrileño, en el que glosar un sinfín de premios, logros y reconocimientos. Y, sobre todo, películas, muchas películas, ese extraño material del que están hechos los sueños de muchos.

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